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martes, 17 de junio de 2014

Confesión, discusión, ¿o qué?

Lo sé, lo soy.
Tal vez un ingenuo, un iluso ante ti,
un frasco de ensueños como aves malheridas,
pero, ¿cuántos fracasos doblarían mi testarudez?
Déjame ser este molusco de cerebro esponjoso,
aquel espantajo que se entrega para hacerse pedazos,
que atraviesa la quietud con lamentos de saxofón.
Ya conoces detalladamente mis obsesiones: 
mientras el mundo y sus canas se incendian
te reinvento entre bosques de horas y lentitud,
te reconstruyo tras esta memoria derruida y su catedral;
no uso ni bisturí ni cincel y siempre adoptas la misma apariencia,
siempre tu semblante de mármol de azúcar, de cielo artesonado;
siempre la curiosidad asomándose desde tu garganta,
siempre las ansias por vivir, descubrir y experimentar
como una implosión que sacude tus entrañas.
Ya me conoces, sólo pretendo diseccionarte
con la mayor sensibilidad posible,
intento asimilar los cánones de tu irregularidad
para auxiliarte y no herirte sin ser capaz de remendarlo.
Ya sabes que lo sé, lo soy, ¿cómo podría evitarlo? 
Trato de embotellar centellas según tu dedo las señale,
según se antojen a tus manías de doncella embrutecida,
según desees aproximarte a un confín del horizonte u otro. 
Simplemente déjame ser quien jamás sabrá quién soy.
Tú también cazas migajas de consuelos que surgen de la noche.
¿Por qué no aceptarlo y proseguir con nuestra evolución? 

sábado, 14 de junio de 2014



Nunca ha existido ni habrá tal cosa como la modernidad. Se trata vergonzosamente de una ilusión temporal que nuestra permanencia y percepción limitadas se empeñan en vislumbrar a su alrededor. ¿Y qué mejor y más bello que envolverse en su áurea de intangible exclusividad? ¿Acaso no hemos sido siempre únicos, actuales e inimitables dentro de nuestra colectiva futilidad?  

jueves, 12 de junio de 2014

miércoles, 11 de junio de 2014

La literatura brota de una digestión casi con talante místico que intensifica el viento incorpóreo de la vida. Un escritor primero se embebe y acoge el mundo, sus ángulos superpuestos y maltratados, y las sensaciones que le aplacan entre sus manos emplumadas y repletas de pupilas; a continuación, y con pocas excepciones, se nutre de la artesanía de otros literatos que conformarán su molde para desentrañar las vibraciones de su arroyo; después, presa de un ensimismamiento irreprimible, repasa la naturaleza que ha florecido involuntariamente en su jardín y, por último, transforma su exuberancia en un lenguaje irrevocablemente humano. O tal vez no. 

martes, 10 de junio de 2014

El día soleminmenso.


He terminado de recontar mis nacimientos

                         Los he confinado en resistentes jaulas de amnesia
          Los niños aspiran nubecillas con flautas y clarinetes
          Y huyen atemorizados de sus padres, revoltosos
          Una pálida avispa zumba entre mis oídos
          Comprendo que este sábado agoniza, derretido
          Y calurosos avisos de jornadas crónicas y degenerativas
          Acomodándose en los buzones
          Espantan insectos visionarios y chuchos con pipa

                       Yo estoy acostumbrado, repleto de hollín
                       Y mi ser parece agrietarse en dos    
                         Un "otro" que chirría cuando el instinto le derrota
                         Un "yo" que se exalta con facilidad
         Marqués, escudero, guardián, civil
          La moneda cuyo revés carece de significado

                        Pero somos uno al herirnos, al resolver situaciones
                        Aceptamos las debilidades que compartimos
                        Inhalamos inseguridad, indecisión
                        Él silba al contradecirme, muy amable y honesto
                        Explora las junglas de óxido de mi razón
                        De esas voces lógicas que he optado ignorar

          Pero hoy es un día melancólico
          Quizás levemente ahogado en vasos de papel
          Tal vez monótono, solemninmenso
          Hay un gato que ha huido parloteaullando
          Un vecino riega sus planes económicos
                         Yo escucho, tumbado, ruiditos incomprensibles

    ¿Por qué desear renacer? ¿Por qué recontar nacimientos?

XV Premio Alberto Vega Poesía



Estos últimos meses se ha celebrado el XV Premio Alberto Vega de Poesía, convocado ya desde hace más de una década con el motivo de fomentar la creatividad entre el sector juvenil de los Valles Mineros. El 4 de junio, ya hechas públicas las decisiones del jurado, se procedió con la presentación y la entrega del premio en el Centro Berlamina García. Al igual que en 2012, logré en esta ocasión ser seleccionado como ganador de la mayor categoría, aunque también existe otra relacionada con los menores de 14 años. En 2013, cuando me tocó - muy gratamente, sin asperezas - el puesto de finalista, quien consiguió alzarse esa vez con el premio fue Oscar Díaz Rodríguez, el cual este año también participó - con un poema digno de lectura profunda - y, ni que hubiéramos simulado un intercambio, le situaron en el escalón del finalista. 


Desde aquí pretendía agradecer escuetamente la cálida compañía y apoyo que esta organización, en nombre del "poeta del desencanto y la cotidianidad" Alberto Vega, ofrecen a quien participa en el concurso e intenta abrirse paso entre la fronda del conocimiento público. Cada año que transcurre estrechan más sus lazos no sólo como entidad cultural y recreativa sino también como un recuerdo amable, indulgente y satisfactorio para todos aquellos que lo han saboreado. Me apena pensar que no podré recurrir más a este galardón en años posteriores debido a mi mayoría de edad, pero agradezco muy honestamente la experiencia que ha significado para mí, al igual que vuestra tarea conjunta para impulsar la labor artística y la conservación del espíritu poético.

A continuación, el poema que envié y resultó ganador:

Imagen
SAMUEL ISAAC RUIBAL ROSÓN

http://www.lne.es/nalon/2014/05/27/mierense-samuel-isaac-ruibal-premio/1591189.html
http://www.lne.es/cuencas/2014/06/19/samuel-isaac-bravial-sergio-vega/1602632.html
(Por algún insospechado motivo se afanan en amasar mis apellidos a su gusto, en fin)
http://premioalbertovega.weebly.com/
https://www.youtube.com/watch?v=OKlI539Fj10

lunes, 9 de junio de 2014

Cuando invocas mi nombre,
así, con esa cálida claridad,
me percato de que no lo poseo
esencialmente porque tú lo pronuncies,
sino debido a que yo te lo he enseñado. 

domingo, 8 de junio de 2014

Cómo se mostraría el semblante del mundo si, desde el milagroso descubrimiento del fuego, hubiera sido esculpido por un corazón sincero, amable, generoso, honrado, amante; de esos tan inusuales que verdaderamente han aprendido a perdonar. 

lunes, 7 de octubre de 2013

Una mujer en su lecho de muerte.

La barbilla bien izada al firmamento. Sus pestañas unidas por lianas de sol volátil, manifestando leves pensamientos que desaparecerían sin legado. Alrededor de su nuca vaga una estrambótica hormiga de ópalo.  Porta puñales en las minúsculas patitas y apenas soporta el peso de su penitencia. Continúa el trayecto hasta sumirse en una jungla de cabellos rizados, cabriolando voluptuosos entre un aire desgastado y sin color, proveniente de lagunas cercanas. Esas aglomeraciones de líquido que permanecen bajo la barbilla sin protagonismo, excarcelando gotas cada dos minutos que discurren sosegadamente hasta rodear un par de pechos de embudo que apuntan a Andrómeda.
            Su nariz representa el hocico de los espíritus de los ciervos que migran hacia el Tártaro. A través de ese hocico se aleja un colibrí mensajero con la bandera de la rendición. A pocos metros sobre la piel, apenas transcurrida una hora, desciende en picado aterrizando en su ombligo. El vientre aporta una sensación de rigidez, pero no es así. Su vientre es de corteza de sicómoro y seda, y los narcisos arropan el cadáver de ese colibrí en un vistoso funeral. Su vientre permanece descansado y tiene carácter propio, una delicadeza incomprensible. Incluso la yema de mi anular, al recorrerlo, proyecta sensaciones de gélida canícula. Su vientre me envía directo a una infancia de ternura meciéndose en fantasías propia.




            Descendiendo, más abajo, su pareja de pies asimétricos danzan exquisitos al son de una melodía interna. En vano podríamos afirmar que ella no es gemela de la música. Sin la cadencia que palpita en cada semilla de sus piernas no valdría la pena hablar de aceptación. Comprendo los balbuceos de una mandíbula blanda que, bajo el cinturón del bípedo nervioso, prolonga nuestra búsqueda. Acepto las condiciones, siempre haré igual. Accedo a envolver mi espíritu hasta su putrefacción, a inmortalizar la difusa huella de nuestra cruenta ambición, a no elogiar el mundo ajeno si no me permite contemplarle.
            Retrocedamos hasta sus labios, los de ese títere encandilador. No sobresalen en exceso por su hermosura o encender la chispa del libido, ni tampoco simulan ser prácticos para la idealización. ¿Qué transmitir sobre ellos? Dos pértigas rosáceas hincados sus vértices entre sí, cebadas por una comisura que expulsa grano y miel. De su túnel orondo, a veces, procede un inaudible gorgoteo, una reivindicación de su irreal inconsciencia al exterior. Lo evoco cuando quiero sucumbir, someterme ante su complejidad en el lecho. Para mí no hay capricho más cruel que su reclamación. Aún está angustiada y lo sé. No fue capaz de despedirse.